domingo, 28 de junio de 2020

Historias del Arte

        
En esta última entrada del presente curso y especialmente para aquellos que estén interesados en profundizar un poco más en la Historia del Arte, vamos a hacer un par de sugerencias aprovechando que ahora llega el verano y parece que habrá tiempo para todo.

En primer lugar os queremos recomendar la renombrada Historia del Arte de E.H.Gombrich. A través de sus páginas el autor  va repasando, con un lenguaje sencillo y ameno la evolución del Arte,  centrándose especialmente en explicar el tránsito de una corriente a otra, de una moda a otra y las razones  que llevan a los artistas a expresarse de una determinada manera.

La historia del arte - e.h. gombrich - phaidon - Vendido en Venta ...


Transcribimos el comentario sobre esta obra del portal Qué libro leo.com:

Es una de las obras sobre arte más famosas jamás publicadas. Durante más de cinco décadas no ha tenido rival como introducción al arte en su totalidad, abarcando desde las primeras pinturas rupestres hasta el arte experimental contemporáneo. Lectores de todas las edades y culturas han sabido hallar en el profesor Gombrich a un auténtico maestro, en quien conocimiento y sabiduría se conjugan con un don único para comunicar de manera clara su profundo fervor por las obras de arte objeto de su estudio. La historia del arte debe su amplia difusión a lo directo y espontáneo de su estilo, así como a la clara exposición del autor, quien afirma que su propósito es "ordenar inteligiblemente el caudal de nombres, períodos y estilos que colman las páginas de las obras más ambiciosas". Esto, unido a su íntima comprensión de la psicología de las artes visuales, nos permite contemplar la historia del arte como un continuo fluir e intercambio de tradiciones.

Como ejemplos, reproducimos algunos fragmentos del libro que describen la experiencia artística en tres importantes momentos: en el Egipto de los faraones, en la Italia del Renacimiento y a principios del pasado siglo.

Egipto
Algunos  de esos primitivos retratos de la edad de las pirámides –la cuarta dinastía del Imperio Antiguo- se hallan entre las obras más bellas del arte egipcio. 

Hay en ellas una simplicidad y solemnidad que no se olvidan fácilmente. Se ve que el escultor no ha tratado de halagar a su modelo o de conservar una expresión momentánea. No se fijó más que en las cosas esenciales. Cualquier menudo pormenor fue soslayado. Tal vez sea precisamente por esa estricta concentración de las formas básicas de la cabeza humana por lo que esos retratos siguen siendo tan impresionantes, pues, a pesar de  su casi geométrica rigidez, no son tan primitivas como las máscaras nativas.
..los pintores egipcios  poseían un modo de representar la vida real completamente distinto del nuestro. Tal vez esto se halle relacionado con la diferencia de fines que inspiró sus pinturas. No era lo más importante la belleza, sino la perfección. La misión del artista era representarlo todo tan clara y permanentemente como fuera posible. Por ello no se ponía a tomar apuntes de la Naturaleza tal como ésta aparece desde un punto de mira fortuito. Dibujaban de memoria, y de conformidad con reglas estrictas que aseguraban la perfecta claridad  de todos los elementos de la obra. Su método se parecía, en efecto, más al del cartógrafo que al del pintor.




..Cada cosa tuvo que ser representada en su aspecto más característico. La figura (arriba) muestra los efectos que produjo esta idea en la representación del cuerpo humano. La cabeza se veía mucho más fácilmente de perfil; así pues, la dibujaron de lado. Pero si pensamos en los ojos, nos los imaginamos como si estuvieran vistos de frente. De acuerdo con ello, ojos enteramente frontales fueron puestos en rostros vistos de lado. La mitad superior del cuerpo, los hombros y el tórax, son observados mucho mejor de frente, puesto que así podemos ver cómo cuelgan los brazos del tronco. Pero los brazos y los pies en movimiento son observados con mucha mayor claridad lateralmente. A esta razón obedece el que los egipcios, en esas representaciones, aparezcan tan extrañamente planos y contorsionados. Además, los artistas egipcios encontraban difícil presentar el pie desde afuera; preferían perfilarlo claramente con el dedo gordo en primer término. Así, ambos son pies vistos de lado y la figura del relieve parece como si hubiera tenido dos pies izquierdos. No debe suponerse que los artistas egipcios creyeran que las personas eran o aparecían así, sino que, simplemente, se limitaban a seguir una regla que les permitía insertar en la forma humana todo aquello que consideraban importante .


Renacimiento
Hemos visto que ni los griegos, que comprendieron el escorzo, ni los pintores helenísticos, que sobresalieron creando la ilusión de la profundidad  llegaron a conocer las leyes matemáticas por las cuales los objetos disminuyen de tamaño a medida que retroceden hacia el fondo. 

ecordemos que ningún artista clásico podía haber dibujado la famosa avenida de árboles retrocediendo en el cuadro hasta desvanecerse en el horizonte. Fue Brunelleschi quien proporcionó a los artistas los medios matemáticos de resolver  este problema; y el apasionamiento a que dio origen entre sus amigos pintores debió de ser enorme. 
La figura (arriba)muestra una de las pinturas ejecutadas de acuerdo con esas reglas matemáticas. Es una pintura mural de una iglesia florentina, y representa a la Santísima Trinidad con la Virgen y san Juan bajo la Cruz, y los donantes –un anciano mercader y su esposa- arrodillados fuera. El artista que pintó esta obra fue llamado Masaccio (14021-28) , contracción del aumentativo de su nombre Tomás…. Podemos  imaginarnos la sorpresa de los florentinos al descubrirse esta pintura mural, como si fuera un agujero en el muro a través del cual pudieran ver una capilla en el moderno estilo de Brunelleschi. Pero quizá quedaron más asombrados todavía ante la simplicidad y magnitud de las figuras encuadradas por esta nueva arquitectura.

Principios del Siglo XX
Picasso era hijo de un profesor de dibujo y en la Escuela de Arte de Barcelona fue una especie de niño prodigio. A  la edad de 19 años marchó a París donde pintó temas que habrían gustado a los expresionistas: mendigos, parias, vagabundos y gente de circo.
Pero evidentemente esto no le satisfacía y empezó a estudiar el arte primitivo al que Gauguin  y acaso Matisse habían dirigido la atención. 

           
Podemos suponer qué es lo que aprendió de estas obras: la posibilidad de elaborar la imagen de un rostro o de un objeto con unos cuantos elementos muy simples,  lo cual era algo distinto a la simplificación de la impresión visual que habían practicado los anteriores artistas. Ellos redujeron las formas de la naturaleza a un esquema plano. ¿Acaso no existirían medios para evitar esa carencia de volumen al elaborar la imagen de objetos sencillos y sin embargo conservar un sentido de profundidad y solidez? . Éste fue el problema que le condujo a Cézanne. En una de sus cartas a un joven pintor Cézanne le aconsejaba contemplar la Naturaleza traduciéndola en cubos, conos y cilindros.
                                                            

Probablemente quiso darle a entender que debía tener presente en todo momento al organizar sus cuadros la idea de tales formas sólidas básicas. Pero Picasso y sus amigos decidieron tomar el consejo al pie de la letra. Supongo que razonarían de un modo semejante al que sigue: hace tiempo que hemos renunciado a representar las cosas tal y como aparecen a nuestros ojos. Esto venía a ser un fuego fatuo que es inútil proseguir. Nosotros no queremos fijar sobre la tela la impresión imaginaria de un efímero instante. Seguiremos el ejemplo de Cézanne y elaboraremos el cuadro con nuestros propios temas tan sólida y permanentemente como podamos.¿ Por qué no ser consecuentes y aceptar el hecho de nuestro verdadero fin es construir antes que copiar algo?. Si pensamos en un objeto, pongamos por ejemplo un violín, éste no aparece ante los ojos de nuestra mente tal como sería visto por nuestros ojos corporales. Podemos pensar, y en efecto lo hacemos así, en sus diferentes aspectos a un mismo tiempo, algunos de ellos se destacan tan claramente que nos parece que podemos tocarlos y manejarlos, otros son un tanto confusos y sin embargo esta extraña mezcolanza de imágenes expresa mejor el verdadero “violín” que lo que cualquier instantánea o cuadro minucioso pueda contener. Este supongo sería el modo de razonar que condujo a obras como el bodegón del violín, de Picasso.



En algunos aspectos este cuadro representa un retorno a lo que hemos denominado los principios egipcios, de acuerdo con los cuales un objeto se dibuja por el ángulo desde el que se advierte más claramente su forma característica. La voluta y una clavija están vistas de lado, tal como las imaginamos cuando pensamos en un violín. Los agujeros de la caja, por otra parte, están vistos de frente, ya que de lado no resultan visibles. La curvatura lateral de la caja está muy exagerada, de conformidad con nuestra sobreestimación del pronunciamiento de tales curvas cuando imaginamos la sensación que nos produce el pasar nuestra mano a lo largo de los  bordes de dicho instrumento. El arco y las cuerdas flotan en el espacio; éstas incluso se repiten, una vez frontalmente, otra dirigidas hacia la voluta. A pesar de esta aparente confusión de formas inconexas – y hay más de las que enumero-, el cuadro no aparece, en realidad, desordenado. La razón de ello estriba en que el artista ha construido su cuadro con  fragmentos más o menos uniformes, de modo que el conjunto ofrezca una apariencia consecuente, comparable a la de obras del arte primitivo, como el poste totémico americano.
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ARS HISPANIAE


La otra gran obra que recomendamos es la enciclopedia referida exclusivamente al Arte en España de la que es muy difícil encontrar ejemplares a no ser en el mercado de segunda mano. Se trata de Ars Hispaniae, un monumental compendio que en sus 22 volúmenes ilustrados con abundantes fotografías abarca toda la historia del arte español, desde el prehistórico hasta el siglo XX. En su elaboración intervinieron figuras tan importantes como Manuel Gómez-Moreno, Leopoldo Torres Balbás,José Gudiol,Fernando Chueca Goitia, Diego Angulo y José María Ázcárate entre otros.

Mediante el enlace de abajo se puede acceder a la página de la Universidad Autónoma de Barcelona en donde esta obra está contenida en 56 iconos (varios por cada tomo). Pinchando en cada uno se puede visualizar su contenido e incluso descargarlo. 

Aquí os ofrecemos un par de ejemplos de su contenido:













Y con esto damos por finalizado el presente curso. Buen verano a todos y sobre todo      mucha salud.











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